domingo, 29 de agosto de 2010

EXPERIENCIA

Uno de los deportes tradicionales de Alaska es la tala de árboles.
Un joven que quería convertirse en un gran leñador, oyó hablar del hombre que mejor manejaba el hacha en toda la región y decidió ir a su encuentro.
¿Quiero ser su discípulo, quiero aprender a cortar árboles como usted?
El joven aprendió las lecciones del Maestro y después de algún tiempo creyó haberlo superado. Se sentía más fuerte, más ágil y por ser más joven que su Maestro, estaba seguro de vencer fácilmente al viejo leñador.
Así lo desafío en una competencia de 8 horas para saber cuál de los dos podía cortar más árboles. El Maestro aceptó el desafío, y el joven leñador comenzó a cortar los árboles con entusiasmo y vigor. Entre árbol y árbol miraba a su Maestro, pero la mayor parte de las veces lo veía sentado.
El joven volvía entonces a sus árboles, seguro de vencer y sintiendo pena por el viejo Maestro. Al caer el día, para gran sorpresa del joven, el viejo Maestro había cortado muchos más árboles que él.
¿Cómo puede ser?, se sorprendió. ¡Si casi todas las veces que lo miré, usted estaba descansando!
“No hijo mío, yo no descansaba, estaba afilando mi hacha, esa es la razón por la cual has perdido”

La diferencia entre un hombre y otro, no se encuentra en su fuerza o en su destreza al hacer las cosas, consiste en aprovechar las lecciones de la experiencia.
La naturaleza, decían los antiguos “no avanza a los saltos” y el crecimiento “mucho menos”.
La experiencia no consiste en lo que se ha conseguido, sino en lo que se ha aprendido, porque lo importante no es llegar una vez, con el máximo esfuerzo, sino que lo importante es conocer todos los senderos posibles para llegar siempre a la cima disfrutando del paisaje.

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